Manifiesto internacional, obrero, revolucionario y antiimperialista ESTE 1 DE MAYO, LUCHAR UNIDOS CONTRA EL IMPERIALISMO

Se cumplen 130 años desde que la clase obrera internacional comenzó a manifestarse en todo el mundo para homenajear a los mártires de Chicago y reafirmar sus derechos como trabajadores.

            Aquella manifestación obrera en esa ciudad norteamericana, en mayo de 1886, reprimida policialmente, dejó claro que las banderas reivindicativas de la clase oprimida (8 horas de trabajo, 8 horas de descanso y 8 horas de recreación), debían ir acompañadas de las banderas políticas de un nuevo sistema social en reemplazo del capitalismo. De lo contrario no se conseguirían o serían insuficientes para que la vida tuviera humanidad.

            A casi un siglo y medio de aquellas jornadas, los trabajadores, campesinos, intelectuales, pueblos originarios y demás sectores populares del mundo, siguen sufriendo las nefastas consecuencias del sistema de explotación capitalista, devenido en imperialista por el propio proceso de concentración del capital que Lenin teorizó en su famosa obra “el imperialismo, fase superior del capitalismo”, y que hoy tiene centro en el imperialismo norteamericano. Lo acompañan la Unión Europea, como potencia imperialista del viejo continente, Japón, Canadá y Australia. También hay peones en el tablero de ajedrez mundial: los gobiernos semicoloniales como Jair Bolsonazi y el Cartel de Lima de la OEA. En otras latitudes juegan un rol similar países capitalistas dependientes como Turquía, Ucrania y otros que alguna vez fueron socialistas, como Polonia, Hungría, República Checa, Croacia, etc.

            Más allá de los reveses y contramarchas, como antes la  desaparición de la URSS y recientemente el golpe de Estado en Bolivia contra Evo Morales y la traición de Lenin (“Kautsky”) Moreno en Ecuador, también la situación mundial presenta signos alentadores.

            Por ejemplo, la continuidad del socialismo en China, Cuba, Corea del Norte y Vietnam, más gobiernos antiimperialistas como Venezuela bolivariana. En la crisis mundial provocada por el COVID-19 esos gobiernos, en especial China y Cuba, han brindado una ayuda solidaria e internacionalista con médicos y material sanitario a decenas de países afectados.

            Esa es una manera práctica de mantener vivos los ideales del proletariado que desde el Manifiesto Comunista, 1848, proclama: “Proletarios del mundo, uníos”, más la adecuación leninista de “Proletarios y pueblos oprimidos del mundo, uníos”.

            Sin haber aún logrado llegar al poder, varios pueblos trabajadores se han levantado en rebeliones combativas. En América Latina, los compañeros y compañeras de Chile, Ecuador, Colombia y Haití, han estado en la primera línea de combate contra los gobiernos reaccionarios de Sebastián Piñera, Moreno, Iván Duque, etc. También hubo cinco paros y muchas protestas contra el gobierno neoliberal y fondomonetarista de Mauricio Macri hasta que se lo derrotó electoralmente en octubre de 2019. Los pueblos del mundo se están levantando contra las injusticias de los gobiernos gestores de los intereses del gran capital. En Francia es el movimiento de los “chalecos amarillos”.

            Este mundo dominado por el capital financiero internacional y otras oligarquías locales ha generado picos extremos de superexplotación y polarización social. Es un mundo donde 26 multimillonarios tienen más fortunas que 3.800 millones de habitantes, la mitad del planeta.

            Con sus prácticas de degradación del medio ambiente, el uso de agroquímicos y agrotóxicos, multinacionales como Bayer-Monsanto vinieron envenenando el planeta, sus aguas, desmontando millones de hectáreas y provocando incendios. Estuvo previsor Fidel Castro cuando en la Cumbre Eco-Río 1992 dijo que aquellos poderes habían puesto en riesgo la supervivencia del ser humano.

            Como si todo eso fuera poco, a inicios de 2020 comenzó un brote que se hizo epidemia y desde marzo pandemia, del virus COVID-19. Al 29 de abril, los contagiados son más de 3.1 millones y han fallecido más de 226.000 personas en todo el mundo. El epicentro está en EE UU, Italia, España y Francia, afectando a casi 200 países y regiones.

            Esta gravísima crisis sanitaria ratifica que la solución a los problemas de la clase trabajadora mundial debe venir de una política internacional revolucionaria y socialista. No habrá salvaciones individuales ni de países aislados. Se requiere unidad y coordinación de los pueblos por medio de gobiernos populares, con fuerte presencia e inversión estatal, en este caso por razones obvias, sobre todo en lo sanitario. Esos gobiernos deben ser antagónicos con Trump, Johnson, Merkel, Macron, Abe, Trudeau, Bolsonaro, Piñera, Duque y tantos otros de signo reaccionario. No son posibles políticas que traten de enmendar y salvar el capitalismo, ni desde el liberalismo, ni desde la socialdemocracia.

            La crisis general del sistema capitalista venía desarrollándose desde antes de la pandemia. Ahora coincidieron y se potenciaron ambas, con catastróficas consecuencias para la humanidad. La OIT estima que 24,7 millones de personas perderán su empleo. Y esas caídas de empleo también tendrán como consecuencia menos ingresos: entre 860.000 millones y los 3,4 billones de dólares menos a finales de 2020.

            El nivel de pobreza superará los altos niveles del mundo actual. La ONU estimaba en julio de 2019 que había 1.300 millones de personas castigadas por ese flagelo. Hoy deben ser más y con la pandemia, más aún.

            Frente a esa cruda situación no se trata de lamentarse y simplemente quejarse.            Es hora de retomar el sendero de los Mártires de Chicago y de la Comuna de París, más todos los esfuerzos revolucionarios habidos en los cinco continentes.

            La crisis económica y la pandemia han mostrado otra vez que Rosa Luxemburgo acertaba cuando planteaba la opción de “Socialismo o Barbarie”. En la marcha hacia ese objetivo común del socialismo cada pueblo deberá atender a sus características nacionales peculiares, sus culturas, realidades, etc, con mucha firmeza en los principios y flexibilidad táctica en las políticas específicas.

            Nunca fue correcto hacer seguidismo de las respectivas burguesías, aún de las más “progresistas”. Y tampoco incurrir en graves defectos del dogmatismo y academicismo alejados de las luchas concretas de nuestros pueblos.

            Los partidos y organizaciones firmantes de este Manifiesto Obrero, Revolucionario y Antiimperialista nos comprometemos a seguir luchando:

            -Por salarios y jubilaciones dignas, sin despidos, suspensiones ni recortes.

            -Por el control obrero de la producción.

            -Mayor presupuesto de Salud, mejores hospitales y condiciones de trabajo a los médicos y personal de salud.

            -Asistencia suficiente y permanente del Estado a todos quienes sufren en esta pandemia.

            -La salud es un derecho de todos. Basta de privatización de la salud.

            -Auditoría y suspensión de pagos de la deuda externa de los países deudores. Fuera el FMI y el Banco Mundial.

            -Nacionalización del sistema bancario para poner las finanzas al servicio de los pueblos y su desarrollo independiente.

            -Nacionalización de la industria energética y demás industrias esenciales.

            -Juicio y castigo a todos los responsables del endeudamiento fraudulento de nuestros países.

            -Ilegalización de las “guaridas fiscales” offshore. Incautación de las cuentas con lo allí fugado y depositado, utilización por los estados para obras públicas y salud.

            -Basta de bloqueo yanqui a Cuba y Venezuela. Por los derechos del pueblo palestino a formar un estado propio con capital en Jerusalén oriental. Por el derecho del pueblo saharauí a su autodeterminación. Independencia de Puerto Rico. Devolución de las islas Malvinas a Argentina y de Guantánamo a Cuba. No más sanciones a Venezuela, Irán, Corea del Norte y China.

            -Libertad a los presos políticos populares en el mundo. Juicio y Castigo a los genocidas militares y civiles.

Firmantes:

Partido de la Liberación (PL) de Argentina; Partido Comunista Chileno (Acción Proletaria); Coordinadora Simón Bolívar, Venezuela; Euskal Herriko Komunisten Batasuna (EKB), Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE), Partido Comunista Danés (KP), Partido Comunista (Suiza), Partido Comunista de Alemania (KPD), Partido Mundo Obrero de Estados Unidos (WWP), Partido Comunista de Gran Bretaña Marxista-Leninista (CPGB-ML), Siguen las firmas LUEGO DEL 30 de Abril: Comité Chileno de Solidaridad con Palestina, Unión Proletaria, Organización Marxista Leninista de España, Partido Socialista de los Trabajadores de Croacia, Mesa de Izquierda Popular Anticapitalista, Partido Comunista de Noruega NKP, Polo de Refundación Comunista en Francia (PRCF) Partido Comunista de Armenia, Unión de los Comunistas de Ucrania, Partido Comunista de Albania (PKSH)

1 Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *